Con rabia e ira dentro es más difícil pensar.
Te centras en una idea, una meta. Piensas el camino y cómo conseguir salvar cada uno de los escollos, y, cuando lo único que te queda es un suspiro, una breve zancada para lograr alcanzar tu principal destino, alguien viene y corta cada uno de tus sueños, haciendo añicos tu ya dañado corazón.
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